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Noviembre 28, 2017 • Deporte, Destacada

Columna de opinión: Es trampa

Por José Arnaldo Pérez, docente Escuela de Comunicaciones UST

Quién no ha hecho más de alguna vez trampa en su vida, o al menos ha intentado llevarlas a cabo. Definitivamente parece que la trampa lleva un imán que nos atrae, e incluso en determinadas oportunidades hacemos caso omiso de las reglas y terminamos aplaudiendo a quien la hace atribuyéndole ingenio o viveza criolla. Pero de verdad está mal.

Este fin de semana estalló la polémica porque el cuerpo técnico de Colo-Colo, que encabeza Pablo Guede, estaba suspendido para el partido con Everton, y como estipula el reglamento no debe cumplir función alguna, caso contrario arriesga una sanción que incluso puede llegar a la pérdida de puntos de su equipo.  Lo malo es que resulta incomprobable que las imágenes captadas de su asistente mandando mensajes telefónicos fueran las instrucciones exactas que después aplicó el entrenador sustituto Agustín Salvatierra. Pero dejémonos de cuentos, más allá que resulte difícil de probar y que cuando le dijeron algo al oído al “Cucho” Salvatierra ya se había efectuado un cambio de jugadores, en realidad los mensajes no eran de saludos y parabienes, tampoco preguntar qué harían en la noche ante una eventual victoria o derrota. Menos si irían a la playa Las salinas o Reñaca en la tarde. Claramente había una intención de influir en las decisiones.

¿Pero se debe sancionar a Colo-Colo? Es la pregunta que surge de inmediato. Obvio, si se trasgredió un reglamento, que por algo existe. Lo negativo, y repito, es que no se podrá probar.  Y lo que es peor es que todos caen en esas conductas de intentar sacar ventajas por los caminos que no corresponden. Ya nos pasó con los pasaportes falsos en la década del 70’ o el corte en el rostro de Roberto Rojas en Maracaná el 89’. Es trampa y está mal. Y no se trata de ser puritano o evangelizador. Es simplemente respetar las reglas del juego, aquellas que tanto nos gusta romper. Fingir faltas o agresiones, teatralizar y un sinnúmero de artimañas no son más que malos hábitos que desnaturalizan el fútbol. Y no me vengan con que este deporte es así. Eso es tan falso como decir que nunca copió en una prueba… Y allí está el tema, la trampa es un método para lograr los objetivos cuando no se está preparado como corresponde, o porque se siente débil, o porque no hay confianza en las aptitudes. Es el camino corto, pero errado. Trampa hizo Maradona contra Inglaterra en el Mundial del 86’ aunque en ese mismo partido nos regaló también un maravilloso gol.

La trampa también lleva aparejado el sabor de victoria y satisfacción cuando se logra el objetivo y se burla el marco que te ata a un comportamiento, que tú mismo aceptaste  al iniciar una competencia. Y esa dulzura hace que siga siendo imitable, atribuible a la inteligencia y dotes de viveza. Cuando de verdad procede de la bajeza. No hay engaños buenos, y eso es claro. Porque del mismo modo que la trampa tienta, duele cuando eres tú el que fue burlado y pides penas o sanciones terribles para quienes osaron hacértelas.

En el fútbol sólo es permitible como ardid la belleza y creatividad, el talento, el pase ciego de Pelé a Carlos Alberto, el Mágico González (hablo del original, el salvadoreño) eludiendo a todos los rivales, Ronaldinho Gaucho y sus fintas, el pase rápido que Caniggia le pidió a Maradona contra Nigeria. Acciones inmortales que te hacen sentir feliz aunque las veas cientos de veces. Todo lo demás mata al deporte, porque es trampa.

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