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Mayo 18, 2017 • Destacada, mujer

Claudia Ancapan, mujer trans: “Todo lo que viví fue en su justa medida, y gracias a eso me siento una luchadora”

Foto: Tomada por Mariana Miranda Peñaloza

Por Mariana Miranda Peñaloza, Radio Santo Tomás

Vivir la discriminación desde muy pequeña originó la motivación de Claudia Ancapan para luchar constantemente contra todo tipo de adversidades. El simple hecho de ser una mujer transexual ha provocado dificultades no solo en las relaciones con el entorno, sino también bloqueó barreras laborales a pesar de tener su título universitario.

Claudia Jacqueline Ancapan Quilappe (40), mujer trans, mapuche y matrona de profesión. Nació, vivió y creció como Juan Carlos, cuando en realidad siempre fue Claudia. A los cinco años aproximadamente, ya se sentía una niña trans, así lo menciona “una niña trans no se da cuenta que es trans, solo lo siente. Pero es la sociedad la que te violenta y comienza a decirte que tú tienes que cuadrarte porque no vas a encajar”. Situación que en su época era totalmente desconocida y complicada de hablar por lo que causaba muchas más repercusiones negativas, como la discriminación y persecución de las personas transgénero.

A pesar de vivir un proceso complicado en su infancia, Claudia pudo afrontar de manera libre su identidad gracias al apoyo de sus padres, “se lo tomaron con humor y con seriedad porque me protegieron”,  ya que más que reprimirla la sobreprotegían por el miedo al que se enfrentaban, debido a que existían muchos peligros en el entorno al desconocerse esta situación. Además la carencia afectiva de sus padres en relación a sus progenitores, provocó  que ellos fueran mucho más permisivos con Claudia. “Ellos sintieron la presión de sus propias vidas de no violentarme”.

La vida adolescente

Si bien tal como menciona Claudia en la infancia no sé cuestiona el proceso que viven los niñas/os trans, fue en la adolescencia donde más sufrió las consecuencias de la discriminación. Al relacionarse con el exterior vivió el constate rechazo de la sociedad al momento de expresarse tal cual era. Estudió en un colegio católico el cual la mantuvo en constante adoctrinamiento, “los profesores me corregían como yo tenía que ser. En el exterior yo me privaba, tenía dos identidades, una escondida maravillosa y otra falsa. Solo para que el resto no hablara”. Además su familia seguía la religión evangélica lo que también causo estragos dentro de sus relaciones con la comunidad, ya que dentro de esta se castigaba mucho los temas de género.

En su etapa escolar Claudia menciona que fue muy participativa, colaboradora, ya que esta era la única forma de poder agradar a los demás desde su otra identidad. Y así no sufrir tan a flor de piel los crueles momentos de bullying a los que se podía arriesgar. Aunque menciona que finalmente “esto me traería consecuencias negativas, porque no podía andar por el mundo agradándole a los demás”.

A pesar de todos los conflictos internos que vivía en plena adolescencia Claudia pudo vivir sus etapas como ella esperaba, tuvo relaciones amorosas y se enamoró.  Por eso solidariza mucho con quienes no tuvieron la misma suerte que ella de vivir cada etapa, como por ejemplo muchas amigas de ellas, que en esos años se denominaban travesti, no tuvieron las mismas oportunidades de estudiar y que finalmente cayeron a la prostitución u otras situaciones de vulneración.

Conflictos universitarios

Después de terminar el colegio, Claudia decide ir a estudiar a Valdivia en la Universidad Austral de Chile, donde opto por comenzar la carrera de Obstetricia. Su experiencia fue bastante complicada, ya que se enfrentó a un sabotaje dentro de la institución donde buscaban  que ella abandonara la carrera. Pero a pesar de todos los problemas, decidió seguir este camino que le abrió mucho más la mente, “cuando comencé la carrera conocí el mundo de las hormonas, y yo no tenía mucha información respecto al efecto que estas tendrían en mi cuerpo. Empecé a estudiarlas y también a consumir hormonas, para mí fue hermoso, ver los cambios en mi cuerpo, en mi piel, logré lo que siempre soñé. Aunque arriesgue mi salud al punto de poder morirme por el consumo excesivo de hormonas”.

Este fue entonces el primer acercamiento de Claudia a los cambios físicos que tanto esperaba, y fue su misma carrera la que le abrió las puertas, pero a pesar de esto ella decidió no hacer los más importantes (transiciones físicas como legales) hasta después de obtener su título, para evitar cualquier otro tipo de conflicto que impidiera seguir con sus objetivos.

Finalmente Claudia terminó su carrera, y logró su anhelado titulo. Sin embargo lo que ella no sabía era lo difícil que seguiría siendo su vida al ingresar al mundo laboral.

Inserción al mundo laboral

Luego de obtener su título comenzó el proceso de buscar un trabajo en lo que había estudiado. Justo en ese entonces había comenzado el procedimiento de cambio de nombre que tanto había aplazado mientras estudiaba. Pero a pesar de sentirse feliz por haber obtenido su carnet Claudia nos cuenta “a la par con ese detalle de tener eso (cédula de identidad), yo era por el otro lado desplazada, privada, negada y boicoteada para encontrar trabajo”. Fue por esta razón que Ancapan sintió las burlas y bullying de sus propios colegas, donde por tres años impidieron que esta pudiera encontrar trabajo en el área de salud, después de haberlo tenido como Juan Carlos, “entonces era una cosa por otra, es como que el sistema también me castigó, y las personas nuevamente me castigaban por ir contra las normas”.

Claudia además denunció públicamente a los hospitales públicos que le cerraron las puertas para trabajar, “cuando yo me formé en la universidad, vi sobre mí la vocación del servicio público, por sobre mi realidad trans. Era un sentimiento tan fuerte de entregarse para contribuir con tu país, independientemente de quien tú seas. Y que me pague de esa forma todo porque yo me hago visible, porque lucho por mi identidad, porque yo cuestiono públicamente a los servicios públicos”.

Finalmente después de varios años de lucha, Claudia pudo acceder a un trabajo en el sistema privado de salud. Actualmente se desempeña en la urgencia de la Clínica Bicentenario, y se siente muy contenta y feliz de lo que hace, “yo jamás pensé que el área privada me iba a reconocer. Todo lo malo que vi en el servicio público, me ha costado verlo en el área privada. Estoy un poquito en shock”.

Luz de esperanza

Luego de que Claudia se estabilizara económicamente, lograra un trabajo estable, pudo concretar uno de sus sueños, realizarse la cirugía de reasignación, que a pesar de tener complicaciones en el proceso post-operatorio pudo recuperarse tranquilamente. Después de todo lo acontecido pudo lograr su transformación por completo. Aunque a pesar de que Claudia se siente feliz aun existe algo que le incomoda, “yo estoy muy satisfecha con todo en mi vida. Pero me tiene inquieta la cara de vergüenza de muchas personas que me hicieron la vida imposible. Personas muy poderosas”.

Para Claudia todo ha sido aprendizaje, y a pesar de las dificultades de la vida se siente muy afortunada de todo lo que ha vivido, “estaba destinada a terminar en una cuneta, con algún tipo de vicio, o muerta. Pero no, yo soy una luchadora”. Por lo mismo en la actualidad es una gran activista en relación a los derechos humanos y también con sus compañeros transgénero, en donde está dispuesta a orientar a las personas y luchar incansablemente por la identidad de género que merecen las personas trans, sin ser cuestionadas ni mucho menos discriminadas.

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