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Mayo 12, 2017 • Destacada, Educación

Sobrediagnóstico de déficit atencional: Educación a cambio de la ingesta de medicamentos

 

Foto Twitter

Por Joel Lavín Picarte

Durante los últimos años han aumentado considerablemente los casos de niños, niñas y adolescentes diagnosticados con Trastornos déficit atencional (TDA) en diversos establecimientos educacionales (municipales y particulares subvencionados), y con ello, el consumo de fármacos como parte primordial del tratamiento, provocando la impotencia de padres que ven como algunos colegios exigen como requisito que sus hijos asistan a clases bajo los efectos de los medicamentos.

El 2007 por ley se definió el TDA como una necesidad educativa especial, por lo que se integró al listado de diagnósticos que permite a los establecimientos educacionales recibir una subvención de $172.000 por cada alumno que presente algún tipo de dificultad de aprendizaje, $102.000 más de la que reciben regularmente por estudiante.

La norma se promulgó el 2010 y desde ese momento comenzó el incremento de matrículas de escolares con trastorno de déficit atencional en los establecimientos adheridos al programa de integración escolar (PIE), de 14.000 a 32.000 en cuatro años, según datos entregados por una investigación realizada por el equipo de psicología educacional de la Universidad de Chile.

Javiera Carrasco Cursach, Psicopedagoga con Magíster en Investigación Social y Desarrollo, trabajó durante cinco años en diversos colegios (siendo el último la Escuela España D-870 de Los Ángeles), por lo que conoce de cerca la situación y comenta que “debo reconocer que los establecimientos educacionales buscan incansablemente niños y niñas con diagnósticos para poder llenar los cupos del PIE”. Además, devela un problema aún mayor “muchos de esos casos no son trastornos propiamente tal, sino más bien, se trata de eventos puntuales que no hemos sido capaces de abordar de manera satisfactoria. La normalización educativa nos ha hecho perder la noción de las diferencias individuales, por lo que buscamos erróneamente diagnósticos o trastornos”.    

Algunos centros educativos derivan a estudiantes denominados “problema” a profesionales de la salud por “sospecha” de déficit atencional. Al ser diagnosticados, los establecimientos y especialistas indican (como principal tratamiento) a los padres  suministrar fármacos a los niños sólo en temporada escolar y de lunes a viernes, para que de esta manera sus pupilos puedan “rendir mejor” y tener un destacado comportamiento en el aula de clases.

Este es el caso de Rosa Chávez, su hijo, Martin (10 años),  esta condicional en el colegio porque es inquieto, desordenado y en ocasiones le cuesta concentrarse. Hace cinco años fue diagnosticado con déficit atencional “Todos los días me molestan los profesores y los inspectores por el Martín para que se tome la pastilla. Hubo un tiempo que dejé de dársela y el Martín tuvo un cambio súper grande con su comportamiento. Me llamaban a cada rato”, cuenta la madre. Asimismo, añade que “mi hijo asiste regularmente al psicopedagoga del colegio, ella lo ha ayudado harto. Se logra concentrar en sus estudios”.

Chávez, cada mañana antes de ir a dejarlo al colegio debe cumplir con el tratamiento farmacológico que le indicó el médico, darle una tableta de Ritalín y enviarle la mitad de una al establecimiento, ya que le corresponde ingerirla a las 12 horas. El estudiante toma esa cantidad debido a que asiste a jornada escolar completa, si fuera media, sólo tomaría una. “La profesora el otro día me alegaba que el Martín estaba inquieto en la sala, ella prácticamente pretende que le aumente la cantidad de pastillas para que esté tranquilo”. Relata la mujer, además agrega que “él es hiperactivo toda la semana, esas son las contradicciones del tratamiento, sábado y domingo anda sin pastillas y está tranquilo”.

Pero ¿Realmente es efectivo aplicar el tratamiento sólo en periodo escolar y de lunes a viernes?

Alex Espinoza, Neurólogo de la Clínica Bicentenario, es claro y enfático en su respuesta, “no es efectivo, hay que ser constante en el tratamiento, debe darse de lunes a domingo en plazos largos de  6 a 8 meses para que hayan reales efectos”. La Psicopedagoga, Javiera Carrasco Cursach, comparte la opinión de Espinoza y sentencia que “la medicamentación para el TDA no podría llamarse tratamiento, sino más bien un adormecimiento intencionado de los síntomas de una problemática para que así no se causen estragos durante los días escolares”.

El médico especialista, considera que el incremento de niños con déficit atencional que se encuentra tomando fármacos se debe a que “ha habido un sobrediagnóstico o sobresospecha de parte de los colegios hacia cualquier niño que sea inquieto, que hace más preguntas o que no se adapta al esquema de todo el resto. Hay una mayor tendencia de querer intervenir a todos estos niños. De todo el porcentaje que mandan son pocos los que realmente tienen TDA, los otros son niños más inquietos o tienen otros intereses. El niño que molesta mucho es el cual el colegio decide intervenir”, Asimismo, dice que “no podemos meterlos a todos en el mismo saco y menos estarle dando tratamientos a todos esos niños”.

Algunos establecimientos intentan influenciar al especialista sobre el diagnóstico que presenta el niño ¿Cómo? Tras la aplicación del Test de Conners, el cual es realizado por los profesores en la misma aula de clases. La prueba es uno de los principales indicadores para detectar el déficit atencional, cuenta con preguntas como: si el niño es intranquilo, impulsivo o si tiene aspecto huraño, entre otras. Con éste, el apoderado acude a un médico. “En la práctica clínica de mis colegas de entorno y mía, no nos dejamos influenciar por el colegio y en ciertas ocasiones tenemos roce con ellos”. Relata el doctor Espinoza, además, cuenta que por ejemplo “han llegado mamás angustiadas por sus hijos que tienen mal comportamiento o definitivamente les cuesta porque tienen un trastorno del aprendizaje especifico, llegan para que uno le haga el diagnóstico de TDA, pero uno les hace otro, porque son niños que tienen problemas de relación con la autoridad o niños que tienen dificultades mentales”.

Alfredo Gálvez es docente de una escuela municipal de Maipú, y comenta que sus colegas prefieren darle pastillas a los estudiantes “porque a veces los niños son muy violentos, hiperquinéticos o se distraen con mucha facilidad, entonces es preferible para bajar la impulsividad. Los niños son reactivos, o sea si uno por casualidad  les tiró un papel y no le achuntó al basurero, el cabro te pega y después te pregunta por qué no le achuntaste al basurero”. 

¿Qué es el déficit atencional?

Es un síndrome conductual, un conjunto de síntomas asociados a la dificultad de controlar impulsos y que lleva a las personas a estimularse con todos los focos del ambiente.

Existen tres tipos de déficit atencional: con hiperactividad, con impulsividad y el que mezcla estas dos últimas mencionadas.

“Son varias las causas posibles que provocan el TDA, cómo genéticas, bioquímicas, exposición durante el embarazo a sustancias como el alcohol, cigarro o entornos domésticos estresantes”. Menciona Javiera Rodríguez, Psicóloga del Cesfam Lagunillas de Coronel.

¿Cuál es la finalidad de los fármacos?

Son inhibidores de cotransporte de dopamina, y con eso lo que se hace es aumentar la concentración de neurotransmisores. Los medicamentos son restringidos, se aplican dosis que van aumentado de a poco porque generan mucha intolerancia,  a través de unas recetas especiales, las cuales uno va controlando”. Explica Alex Espinoza, Neurólogo de la Clínica Bicentenario, además comenta que los medicamentos más recetados son el Metilfedinato y Atomoxetina.

Foto Joel Lavín

Consecuencias de los medicamentos

“Si el diagnóstico está bien hecho, no hay consecuencias a largo plazo, al contrario, se beneficiaría cuando adulto, si fue tratado cuando niño. Pero existen reacciones adversas, como: mareos, náuseas, vómitos, sensación de inestabilidad, sueño, dolor abdominal, sensación de fatiga, entre otros efectos negativos, pero todos pueden tratarse de manera fácil con ayuda del especialista”. Aclara Espinoza.

El recomendado tratamiento

Según el Neurólogo, Alex Espinoza, el déficit atencional se debe tratar desde un enfoque multidisciplinario, “si sólo nos enfocamos en las pastillas, posiblemente no tendremos un éxito como el que esperamos. Es muy relevante que toda la familia participen de la terapia o sino vamos al fracaso absoluto. Otro punto importante son las medidas cognitivas y conductuales, el niño debe aprender a estudiar todos los días a cierta hora, llevar un método de estudio, esto en parte se hace con la psicopedagoga y el colegio. El niño debe aprender cual su mejor manera de estudiar, si tiene una memoria visual, auditiva, si es mejor estudiando con los demás o solo”.

Si un niño presenta problemas con la autoridad, no obedece órdenes, molesta a los demás, no entiende la materia y saca malas notas. No sólo podría tratarse de TDA, sino que posiblemente podríamos estar ante casos de diversos trastornos como: psiquiátricos de problemas con la autoridad, médicos como Hipotiroidismo, cerebrales, de personalidad narcisista, antisociales, oposicionista, cognitivos como retardos mentales leves, del aprendizaje especifico, frente a una mala alimentación, por lo que no se desarrolla una buena actividad cerebral o simplemente frente a un estudiante desmotivado de las clases y con problemas conductuales.

Camila Pacheco tiene un hijo, Joaquín (11 años), un pequeño travieso e inquieto. Su retoño hace dos años estuvo en tratamiento farmacológico por el déficit atencional. Su historia en ese tiempo se asimilaba bastante a la vivida por Rosa Chávez y su niño, ya que el colegio le exigía enviar a Joaquín medicado, y de no hacerlo, simplemente no le permitían el ingreso  al establecimiento educacional.

Pacheco tras un tiempo, comenzó a notar que el medicamento que tomaba su retoño le provocaba efectos colaterales como tics nerviosos y desánimo, pero mucho no podía hacer ya que los especialistas y el colegio le solicitaban la ingesta de la pastilla, pero siempre tenía presente que quizás el diagnóstico estaba erróneo y sólo querían mantener medicado a su hijo. Hace unos meses, Joaquín comenzó a asistir a donde una psicopedagoga particular, la cual con sólo unas semanas de comenzar a tratarlo empezó a tener dudas sobre si era el verdadero diagnóstico del niño, por lo que le recomendó a Camila Pacheco que visitará un nuevo especialista. “Llevé a Joaquín donde otro Neurólogo y la sorpresa fue máxima, le quitaron los remedios porque no tenía TDA, sino que Coeficiente en Rango Límite. La duda que siempre tuve era real”. Comenta la madre.

No cabe duda que el déficit atencional es un trastorno que no acabará de la noche a la mañana, y el sobrediagnóstico junto con la sobremedicación no contribuyen en nada a quienes lo “padecen”, al contrario, lo perjudican y lo encierran en un circulo vicioso que sólo busca la concentración momentánea en clases, y así llevar a cabo un sistema educativo más tranquilo para los profesores.  Hay que sumarle que el gobierno no han prestado atención a este problema que afecta a niños, niñas y adolescentes que sólo quieren que sus distracciones en el aula sean comprendidas.

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